martes, 8 de diciembre de 2009

Maxi, Cristian y Adrián: ¡presentes!

Se cumplen 8 años del fusilamiento de Maxi, Cristian y Adrián en manos de un policía. All Boys y nada más no quiere dejar en el olvido este aberrante crimen que unificó a Floresta y a All Boys para pedir justicia.


El 2001 fue muy difícil para los hinchas de All Boys. Después de muchos años el equipo descendió a la tercera categoría del fútbol argentino. Pero hubo un hecho mucho más trágico que signó para siempre la historia del barrio de Floresta -también es parte de la historia del club- que fue el asesinato de Maxi, Cristian y Adrián en la madrugada del sábado 29 de diciembre a manos del policía Juan de Dios Velaztiqui. El Albo volvió a la B Nacional. Maxi, Cristian y Adrián jamás regresaron con sus seres queridos.

Los hechos

Así como se terminaba el 2001, también finalizaba el gobierno de De la Rúa. Eran épocas de cacerolazo, marchas, piquetes, protestas y represión estatal. Las fuerzas represivas ya se habían cargado varias víctimas en Plaza de Mayo y en algunas barriadas populares. Maximiliano Tasca (25), Cristian Gómez (25) y Adrián Matassa (23) se encontraban cerca de las tres y media de la madrugada tomando una cerveza en la estación de servicio de Bahía Blanca y Gaona. La televisión reproducía las imágenes de una golpiza que le propinaban a un Federal en Plaza de Mayo cuando Maxi hizo un comentario: justificó esa acción como venganza por la represión que se daba día a día en los alrededores de la Casa Rosada. En ese momento el sargento Velaztiqui gritó “¡Basta!”, sacó su arma y los fusiló a los tres.

Velaztiqui arrastró los cuerpos hacia el playón y a uno le apoyó un cuchillo como para simular un robo. Con mucha tranquilidad se acercó a un teléfono público y, con absoluta frialdad, llamó él mismo a la comisaría diciendo que “había matado a 3 cacos”. “La policía intentó al principio cubrirlo, pero era defender lo indefendible”, asegura Elvira Torres, la madre de Cristian. “Fue una masacre. El policía los conocía a los chicos. Cristian y Maxi eran habitué. Lo que hizo fue de una perversidad terrible”, se indigna Aldana Soriano, novia de Adrián.

La solidaridad de los vecinos hizo que, virtualmente, la comisaría 43 estuviese sitiada durante todo el sábado. Desde temprano, los amigos de las víctimas se reunieron en la estación, cortaron el paso de la avenida Gaona y fueron hasta la comisaría. Luego de provocarle un corte al sub-comisario con un piedrazo y tras romper las puertas de vidrio de la seccional, se desató la represión. Más tarde llegó la Infantería y Floresta se convirtió en un campo de batalla.

“Fue brutal. La gente se defendía como podía. Los corrieron por todos lados con camiones hidrantes, palos y balas de goma. Tiraban sin discriminar a madres, chicos y abuelas. Fue tremendo.”, recuerda Elvira. Los vecinos de Floresta y muchos hinchas de All Boys combatieron con la Policía hasta casi las siete de la tarde.

El asesinato de los chicos de Floresta se dio en un contexto de crisis económica y no es un dato menor. La abogada María del Carmen Verdú de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) asegura que en esa situación financiera y de protesta social, el Estado agudiza la represión: “Lo que pasó en 2001, y lo que pasa hoy, es un claro ejemplo. Tanto en 2001 como ahora vemos un fuerte incremento en las muertes por parte de las fuerzas estatales”. En la presentación del archivo 2009 que se hizo el mes pasado en Plaza de Mayo, CORREPI afirmó que durante la democracia 2.826 personas fueron asesinadas por las fuerzas estatales.

Pese a esto, los vecinos siguieron unidos tras la represión policial e iniciaron espontáneamente, el mismo sábado, la primera de las 23 marchas para pedir Justicia. Fueron años de hacer el recorrido Gaona-Segurola-Juan B. Justo-Cuenca con el barrio unido, lleno de remeras de All Boys, con la solidaridad de hinchas de Temperley y hasta algunos de Chicago, arengando consignas contra la Policía y pidiendo Justicia por la masacre. En aquellos momentos no existieron las diferencias de barrio y de colores, tampoco la distancia dentro del propio All Boys.

Durante varios días, Floresta despertó con la Guardia de Infantería apostada en la esquina de la 43. La violencia y la represión no se volvieron a repetir. Los chicos fueron velados y hubo algunos arrestos más mientras algunos amigos intentaban cortar la avenida Juan B. Justo.

Así fue que el barrio y All Boys se solidarizaron y comprometieron con la masacre. Velaztiqui fue condenado a prisión perpetua por “homicidio calificado con alevosía” en 2003. En el juicio pidió perdón a su familia, a Dios y a la Policía. Jamás a los familiares y a amigos de las víctimas.

La novia

Aldana Soriano y Adrián Matassa habían empezado a salir. Ella es hincha del Albo y en 2001 trabajaba en la inmobiliaria con el padre de Adrián. El sábado 29 de diciembre fue a trabajar como cualquier día. No había hablado con su chico la noche anterior. Al llegar al local, estaba cerrado y justó llegó Enrique con la noticia sobre su hijo: “Adrián se murió”.

“Le pegué una piña a la pared, al vidrio y después no tengo ni idea de lo que hice”, rememora conmovida Aldana. Tiene guardado un mechón de pelo de su novio y se sigue viendo con la familia Matassa. Estuvo 3 meses sin salir de la casa. Dice que la angustia y la bronca ya se le pasaron, pero que extraña al gordo dulce, demostrativo y especial Adrián.

“Un mes antes de su muerte él me dijo: ‘Yo me voy a morir joven. Yo ya viví mi vida’. Y el 29 de diciembre no lo tuve más. Lo extraño un montón”, comenta con los ojos llorosos.

La madre

Elvira tiene la piel oscura y las ojeras bien marcadas como su hijo “el Gallego”. Se enteró del fusilamiento porque un compañero de trabajo del padre de Cristian la llamó por teléfono y le pidió que vaya a la estación. “Cuando llegué, el cuerpo todavía estaba caliente y lo abracé. Estaba lleno de policías, lleno de sangre.”, recuerda acongojada.

Cristian había ido a un asado, volvió a su casa y cuando subía el ascensor se dio cuenta que no tenía cigarrillos. Bajó y fue hacia la estación donde se encontró con los demás. Velaztiqui lo asesinó.

El homicida el año que viene cumplirá 70 y tratará de conseguir la prisión domiciliaria. Elvira confía en la Justicia: “Él ya la pidió en junio del año pasado. Los jueces decidieron negarle la libertad. Le dijeron que vaya a pedirla en 2021. Esperemos que vuelvan a tener el mismo criterio”.

Así recuerda a su bebé: “El Gallego era un loco lindo. Le gustaba el arte, la música, tocaba el bajo. Tenía miles de amigos de todas las edades y en todos lados. Era fana de Los Redondos. Era un divino, un dulce, pegote, mamero, el bebé de la casa, un gran hermano. Era loco por Floresta y por All Boys”

Con un llanto contagioso, comenta: “Me levanto y me acuesto con Cristian en el corazón. Lo extraño un montón”. Elvira está muy agradecida con el barrio: “La palabra gracias me queda chica. Floresta los tomó como hijos a nuestros chicos.”

El martes 29 de este mes se cumplirán 8 años de esta masacre que marcó para siempre a Floresta. Tres chicos nacidos en el barrio fueron asesinados. Podría haber sido cualquiera. Muchos dirán ¿qué tiene que ver esto con el fútbol? Mucho. Por lo menos para los que piensan que un club no es sólo una pelotita y 22 tipos détras de ella. Una institución se construye con la identificación y el compromiso social para contener y unificar a un grupo. Este es un homenaje para Maxi, Cristian y Adrián. Floresta y All Boys jamás los olvidarán.

* Nota publicada en el nº 9 "All Boys y nada más"

* ilustración de Joaquín Maito

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