sábado, 31 de octubre de 2009
viernes, 30 de octubre de 2009
Salvavidas

martes, 27 de octubre de 2009
El otro por Paula Ferro
“Hola, cómo estás”, digo poniendo un ladrillito entre mi ciudad y tu pueblo. Y mientras espero la respuesta obligada y respetuosa, cruzo un poco los dedos para que alguna palabra inadvertida te desate alguna anécdota. De esas que me invitan a escuchar enamorada, embebida en tu historia y en el amor pasajero de tu vida precaria y perfecta. Tu vida, o tu forma de decir quizás. O mi predisposición a escuchar también. Puede ser, qué se yo.
En esta charla sin nombres reafirmo mi acento distinto. Te acepto un mate. “Tomo como tomes vos”. No me lo hagas a gusto. Mi gusto se equivoca. Prefiero que me des de lo tuyo, que no amoldes tu tonada a mi ropa. No busques usar mi expresión ni parecerte. Prefiero tu confianza oriunda, siempre con la puerta abierta a lo diferente. Porque las vidrieras de la ciudad me hacen espejo en todas partes. ¿No entendés que en tu particularidad tan distinta encuentro arte? Ni mejor ni peor, aunque... Sí, seguro que mejor. Una belleza menos maquillada. Un banquito medio chueco y una casa perfectamente no decorada.
No me des de mis locales, ni de mis productos con conservantes, ni me hables de que conocés mis pagos... Todo lo que vos tenés sin darte cuenta, basta para que vivas cada día de tu vida enamorado. Y quizás yo vengo para hacer contraste. Como ese dolor de panza tan fuerte, que hace a uno valorar los momentos en que te sentís normal, y hasta anhelarlos... Pero después el dolor se va y el sueño realizado de normalidad te vuelve a hacer sentir como que te falta algo.
Me siento con vos. Quiero escucharte. No interesan mis anécdotas. Ni pienso una respuesta. Solo escucho. Y aunque no lo creas... es mucho. Por un momento me inunda una felicidad sencilla, que no está esperando ninguna hora ni está pensando en comprarse zapatillas. Y reflexiono: “¡Qué bueno esto! ¿No?”. Tendríamos que hacerlo más seguido.
Luego de unos días armo el bolso. Creo que el descanso fue suficiente. Vuelvo a mi ciudad, a mi asfalto. Y está bien también. Y eso no le quita el valor la ropa, ni los autos nuevos, ni el helado caro. Mientras que no me deje abordar por la música loca o las bocinas histéricas. Y entiendo que lo lindo no está en las cosas, en la belleza de moda o la tecnología... Que estén o no estén no cambia nada. Mientras que yo me acuerde y no me abrume por estas competencias desaforadas... No me lleva la corriente, prefiero pescar sentada a un costado. No te digo que no me llaman la atención las luces, pero no las miro mucho porque a más de uno han dejado hipnotizado.
Te saludo. Ya me tengo que ir. Me voy sonriendo. Somos distintos. Y no está mal ni bien. Va más allá de lo compatible. Lo tuyo se valora. Lo mío también. Y así debe ser. No te amoldes a mí. Prometo no volver con acento. No te voy a excusar mi barrio, ni pretendo inventarte un cuento. Y no cambiemos. Vos acá y yo allá. Pero de vez en cuando descansemos y con unos mates de por medio, charlemos.
En esta charla sin nombres reafirmo mi acento distinto. Te acepto un mate. “Tomo como tomes vos”. No me lo hagas a gusto. Mi gusto se equivoca. Prefiero que me des de lo tuyo, que no amoldes tu tonada a mi ropa. No busques usar mi expresión ni parecerte. Prefiero tu confianza oriunda, siempre con la puerta abierta a lo diferente. Porque las vidrieras de la ciudad me hacen espejo en todas partes. ¿No entendés que en tu particularidad tan distinta encuentro arte? Ni mejor ni peor, aunque... Sí, seguro que mejor. Una belleza menos maquillada. Un banquito medio chueco y una casa perfectamente no decorada.
No me des de mis locales, ni de mis productos con conservantes, ni me hables de que conocés mis pagos... Todo lo que vos tenés sin darte cuenta, basta para que vivas cada día de tu vida enamorado. Y quizás yo vengo para hacer contraste. Como ese dolor de panza tan fuerte, que hace a uno valorar los momentos en que te sentís normal, y hasta anhelarlos... Pero después el dolor se va y el sueño realizado de normalidad te vuelve a hacer sentir como que te falta algo.
Me siento con vos. Quiero escucharte. No interesan mis anécdotas. Ni pienso una respuesta. Solo escucho. Y aunque no lo creas... es mucho. Por un momento me inunda una felicidad sencilla, que no está esperando ninguna hora ni está pensando en comprarse zapatillas. Y reflexiono: “¡Qué bueno esto! ¿No?”. Tendríamos que hacerlo más seguido.
Luego de unos días armo el bolso. Creo que el descanso fue suficiente. Vuelvo a mi ciudad, a mi asfalto. Y está bien también. Y eso no le quita el valor la ropa, ni los autos nuevos, ni el helado caro. Mientras que no me deje abordar por la música loca o las bocinas histéricas. Y entiendo que lo lindo no está en las cosas, en la belleza de moda o la tecnología... Que estén o no estén no cambia nada. Mientras que yo me acuerde y no me abrume por estas competencias desaforadas... No me lleva la corriente, prefiero pescar sentada a un costado. No te digo que no me llaman la atención las luces, pero no las miro mucho porque a más de uno han dejado hipnotizado.
Te saludo. Ya me tengo que ir. Me voy sonriendo. Somos distintos. Y no está mal ni bien. Va más allá de lo compatible. Lo tuyo se valora. Lo mío también. Y así debe ser. No te amoldes a mí. Prometo no volver con acento. No te voy a excusar mi barrio, ni pretendo inventarte un cuento. Y no cambiemos. Vos acá y yo allá. Pero de vez en cuando descansemos y con unos mates de por medio, charlemos.
lunes, 26 de octubre de 2009
A pesar de ser hermanos nos miramos con temor...
El nacimiento de un mundo se aplazó por un momento.
Un breve lapso del tiempo, del universo un segundo.
Sin embargo parecía que todo se iba a acabar
con la distancia mortal que separó nuestra vidas.
Realizaron la labor de desunir nuestras manos
y a pesar de ser hermanos nos miramos con temor.
Cuando pasaron los años se acumularon rencores,
se olvidaron los amores, parecíamos extraños.
Qué distancia tan sufrida, qué mundo tan separado
jamás hubiera encontrado sin aportar nuevas vidas.
Esclavo por una parte, servil criado por la otra,
es lo primero que nota el último en desatarse.
Explotando esta misión de verlo todo tan claro
un día se vio liberado por esta revolución.
Esto no fue un buen ejemplo para otros por liberar,
la nueva labor fue aislar bloqueando toda experiencia.
Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar,
su brillo puede alcanzar la oscuridad de otras costas.
Qué pagará este pesar del tiempo que se perdió,
de las vidas que costó, de las que puede costar.
Lo pagará la unidad de los pueblos en cuestión,
y al que niegue esta razón la historia condenará.
La historia lleva su carro y a muchos nos montará,
por encima pasará de aquel que quiera negarlo.
Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,
Fidel la dignificó para andar por estas tierras.
Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,
Fidel la dignificó para andar por estas tierras.
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Canción por la unidad latinoamerica,
Pablo Milanés
domingo, 25 de octubre de 2009
Tempestad

Inseguridad y coerción estatal

En la esquina donde convergen las avenidas J. B. Justo y Gaona, al costado de una plazoleta, dos adolescentes trataban de ganarse una moneda limpiando. Utilizaban la típica botellita de plástico con detergente y agua a cambio de una moneda para hacerle fuck-you al mercado que siempre les dio la espalda. Eran dos chicos. De carne y hueso. Respiraban, hablaban y tra-ba-ja-ban. No entregaban boletas ni ticket. Será por ello que aparecieron los empleados del Estado. Esos encargados de ejercer la coerción. En cuestión de segundos así lo hicieron. Bajaron de un coche. Eran, quizás, tan o más morochos que aquellos jóvenes. Manos proletarias arriba, medios de producción al suelo. Apertura de piernas, manos represivas a los bolsillos. No hizo falta la violencia física para que los blues aleccionen. Insultando y mascando bronca se fueron los jóvenes. Riéndose, blasfemando, jocosos, sobradores y contentos se fueron los funcionales.
Los asesinatos son injustificables, pero no poder ganarse el mango dignamente también lo es. ¿La inseguridad de “la gente” tendrá relación con esta coerción para con los “desocupados”?
jueves, 22 de octubre de 2009
Infiel

martes, 20 de octubre de 2009
Que los cumplas feliz
Movela con Daniel. Dale Daniel! Dale Daniel! Dale, dale, dale, dale, dale Daniel!
Que los cumplas feliz. Que los cumplas feliz. Feliz...
Que los cumplas feliz. Que los cumplas feliz. Feliz...
lunes, 19 de octubre de 2009
Viaje al empirismo
viernes, 16 de octubre de 2009
Charla con globito

- Nunca el Bubbaloo costó 5c.
- ¿Cómo que no? Sí señor, 5c o 2 x 10c (como más te guste). Es más, el Bazooka estaba 3 x 10c
- Entonces agarrala y hacete un globito de bronce. Gaaaaaanso.
jueves, 15 de octubre de 2009
Hipócrita
Recuerdo que eras una piba varonera, macanuda, simple, con pocas pretensiones, media melanco y bastante machona. Poco a poco nos fuimos conociendo y en algún momento llegamos a ser “amigos”, o algo así. Las circunstancias de la vida hicieron que nuestros rumbos se separasen y no nos viéramos por un tiempo largo, aunque por terceros siempre supimos algo el uno del otro. Te alejaste de todos tus amigos del secundario, de las carreras tradicionales (abogacía, medicina, contador) elegiste la de los números reguladores de la plusvalía kapitalista, ya no te vestís de joggings y tratas de cuidarte con vulgarismos masculinos (aunque no sale siempre bien).
Las últimas veces que nos habíamos cruzado me saludabas con un beso frío, diplomático, sin goce de afecto, tus palabras para conmigo eran con p (parcas, pocas, pacatas). Había tanto de resentimiento, envidia y recelo en tus actitudes. Hasta que pasó eso que siempre deseaste y con lo cual contribuiste para se cometa.
Me cuesta, pero entiendo que ahora te acerques con cara de póker, a saludarme, abrazarme, a charlarme como si fueses aquella adolescente varonera, simple, buena y machona que ya no sos.
Las últimas veces que nos habíamos cruzado me saludabas con un beso frío, diplomático, sin goce de afecto, tus palabras para conmigo eran con p (parcas, pocas, pacatas). Había tanto de resentimiento, envidia y recelo en tus actitudes. Hasta que pasó eso que siempre deseaste y con lo cual contribuiste para se cometa.
Me cuesta, pero entiendo que ahora te acerques con cara de póker, a saludarme, abrazarme, a charlarme como si fueses aquella adolescente varonera, simple, buena y machona que ya no sos.
lunes, 12 de octubre de 2009
Día de la raza, las pelotas!!!

Día de la raza, las pelotas!!!
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originarios de América
domingo, 11 de octubre de 2009
¿Te molesta mi amor?
Mi amor no es amor de mercado, porque un amor sangrado no es amor de lucrar.
Mi amor no es amor de uno solo sino alma de todo lo que urge sanar.
Este amor aguerrido es un sol encendido por quien merece amor.
Mi amor no es amor de uno solo sino alma de todo lo que urge sanar.
Este amor aguerrido es un sol encendido por quien merece amor.
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te molesta mi amor
viernes, 9 de octubre de 2009
Puede que lo sea
martes, 6 de octubre de 2009
La gotita

Cuando Gastón y Fernanda se conocieron se pegaron como con La Gotita. Estuvieron unidos por mucho tiempo. Caminaron, viajaron, vivieron, conocieron, jugaron, hasta sus necesidades hacían juntos. Fueron segundos, minutos, días, meses y años. Tal así que los dos eran uno. Casi indistinguibles. Un día comenzó a gotear ese agua caliente llamada rutina. Poco a poco las salidas, los besos, el sexo y eso que llamaban amor se convirtió en algo previsible y monótono. Un día ese despegante terminó por separarlos. De estar juntos todo el tiempo pasaron a ni siquiera llamarse. Quizás los extremos se toquen. Quizás la palabra amor no baste. Quizás La Gotita tampoco.
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